Llegamos a Paris el martes día 10 a mediodía. Ya por aquí se estaban dando algunos casos de coronavirus, pero es alucinante el crecimiento exponencial de los contagios en sólo 2 o 3 días;lo digo porque yo ahora cuento que la semana pasada estuve en Disney y me miran como si estuviese loca, como a quién se le ocurre salir del pais con la que está cayendo...pero es que el martes pasado ni por asomo nos podíamos imaginar lo que se nos venía encima, es la pura verdad.
Ni en el aeropuerto de nuestra ciudad ni el el CDG ningún tipo de control, ni toma de temperatura, ni distancia de seguridad ni puñetas...ya os digo que un vuelo como otro cualquiera. Cuando llegamos nos esperaba ya nuestro chófer de Irish Shuttle y directos para el Cheyenne, donde tampoco encontramos nada fuera de lo normal. De hecho, como eran casi las 3 de la tarde, hicimos el check-in en apenas 5 minutos, dejamos las maletas en la habitación (muy cerquita del edificio principal, en Sitting Bull) y derechos para el parque.
Para nosotros es como volver a casa, los niños (no ya tan niños) más contentos que nosotros y...¡hala!! a montarnos en todo lo habido y por haber. Afluencia normal para ésta época en ambos parques, quizás un poco más en Studios por el tema de que la mitad del parque está cerrado, pero vaya...algún ciudadano (generalmente asiático) con mascarilla y san se acabó. Eso sí, he de decir que, desde el primer día, había dispensadores de hidrogel con alcohol por todas partes: entrada y salida de atracciones, de servicios, de restaurantes, hoteles....nos indicaron que nos lavásemos frecuentemente y poco más. Así transcurrió la primera tarde de nuestra estancia sin tener ni idea de lo que iba a ir sucediendo...


