Día 2
Amanecimos el domingo 2 de diciembre tempranito, como cada día, con ganas de vivir un día diferente dentro de la magia. Después de prepararnos fuimos a desayunar poco después de las ocho, porque queríamos entrar en el parque hacia las nueve de la mañana como muy tarde, puesto que era la hora de apertura por ser fin de semana.
De nuevo cogimos el autobús que nos llevaba desde el hotel hasta la entrada del Resort y después de pasar el control de acceso nos dirigimos a la entrada lateral derecha, sabiendo que n o encontraríamos apenas cola, como así fue. Yo llevaba el pase anual y Elena tenía todavía que hacerlo, ya que llevaba el pase comprado por Internet por un precio buenísimo (incluso más barato de lo que me costó a mí meses atrás con el descuento de accionista). Lo que no teníamos claro era si merecía la pena sacar su pase a primera hora de la mañana o dejarlo para más tarde a lo largo del día. Lo decidiríamos en función de la cola que encontráramos.
Al entrar al parque vimos ya la decoración navideña que, como siempre digo, es la mejor de todas las temporadas. La estación estaba decorada con el 20 aniversario y los motivos navideños, formando una postal digna de ser fotografiada, como así hicimos. Tras pasar bajo la estación, llegamos a la plaza en la que está el árbol de Navidad, que nos tapaba el castillo al fondo. La zona estaba preciosa y coincidimos con el primer personaje, Minnie, que estaba ocupadísima haciéndose fotos y firmando autógrafos. Sacamos unas cuantas fotografías del árbol, de nosotros, de Main Street, de los regalos navideños, … Todo es tan bonito que merece la pena guardar las pruebas gráficas.
Además, yo tenía curiosidad por ver la reacción de Elena, puesto que era su primera vez y quería saber si realmente le gustaría como había supuesto. Se le veía sonriente y radiante, que ya era un buen presagio. Y en ese momento no me dijo nada, pero más tarde me confesó que se había sentido emocionada en esos momentos iniciales, por encontrarse allí conmigo en ese lugar que sabía lo que me gustaba a mí. Empezaba realmente bien el día.

Paseamos por Main Street hasta llegar a Central Plaza y allí estuvimos haciendo también fotos con los bonitos muñecos de nieve representando los personajes principales. Son muy graciosos y también merece la pena plasmarlos en nuestros archivos digitales. Ya que estábamos allí, miramos qué tal estaba la cola en la oficina de pases anuales y como apenas había gente, decidimos aprovechar el momento. ¡Y qué bien hicimos! No tardamos casi nada y Elena tuvo también su pase anual. Lo que no nos imaginábamos era que cuando pasamos por allí aquella tarde, la cola era inmensa. Salía del edificio y rodeaba los jardines de fuera. Al ritmo que va, por la tarde seguro que en la cola podríamos haber perdido más de una hora de tiempo.
Cuando salimos de allí, tenía claro a qué atracción teníamos que ir de principio. La atracción que para mí y para muchísima gente representa la magia en estado puro. Efectivamente, nos dirigimos a It’s a Small World. Lo que yo nunca había visto era la versión navideña. Me gustaron los muñecos decorados específicamente con motivos navideños, pero la mezcla de la canción original con los villancicos no me gustó tanto. Será que soy más nostálgico, pero la original es la original. Y aquí sí que quería conocer la reacción de Elena, porque para que sienta la magia, esta atracción le tenía que gustar. Y … ¡le gustó! Vaya si le gustó. Ahora sí que ya estábamos sumergidos en la magia y el día iba a ir como la seda.

Cuando salimos de allí, dada la cercanía, entramos en el laberinto de Alicia. Le dije a Elena que como yo ya lo conocía, le dejaba a ella ir por delante y yo la seguiría. El objetivo era encontrar el castillo del final, pasando antes por todos los recovecos. Por supuesto, no valía coger atajos, aunque había algunas puertas abiertas para tal fin. Y hay que reconocer que lo hizo muy requetebién. Llegamos sin problemas hasta el castillo, pasando antes por los Photolocations de las cartas que, por supuesto, utilizamos. Desde la parte superior del castillo admiramos las bonitas vistas de Fantasyland, aunque estaba el sol de frente y ello evitaba tener aún mejores vistas de la parte trasera del castillo.
Al bajar del castillo del laberinto nos fuimos hasta el otro castillo para verlo por dentro. Bueno, por dentro y por fuera, porque es tan bonito que hay que hacer fotos desde todos los ángulos. Por el camino nos paramos en el restaurante de Cenicienta para ver la carroza y también vimos por dentro la tienda de Blancanieves y los siete enanitos.
Subimos la escalinata y nos paramos en cada escena del cuento de la Bella Durmiente. Le conté a Elena cosas en las que uno no se fija si no las conoce como los ronquidos de los soldados de las armaduras, los ojos rojos del cuervo al fotografiarlo con flash, el cambio de la cristalera de las palomas y las rosas, etc, etc. Nos tiramos un buen rato paseando por el castillo y cuando terminamos con la parte de arriba, bajamos a las tiendas del interior del castillo. Elena se quedó maravillada en la tienda de artículos navideños. La verdad es que dan ganas de comprarse media tienda con lo bonito que es todo. También estuvimos en la tienda de artículos de cristal, aunque en ese momento no tuvimos la suerte de coincidir con el habilidoso creador de las figuritas.
Lo siguiente era ver la cueva del dragón. Bajamos desde el interior y estuvimos un rato abajo sacando algunas fotos, aunque yo ya tenía unas cuantas bastante buenas del verano. Pero siempre me gusta experimentar aquí con la luz, con el flash, para hacer pruebas. Eso sí, las fotos que sacó Elena salieron mejor que las mías, así que las suyas eran las que merecía la pena que estuvieran en el álbum de fotos.

Desde el castillo cruzamos Fantasyland para acercarnos hasta Peter Pan. Cuando habíamos salido antes del laberinto habíamos cogido un Fast Pass para no tener que esperar cola y ahora que ya era la hora, nos íbamos directamente a la cola rápida. Volamos por los cielos londinenses y también sobre el país de Nunca Jamás, pasando por las diferentes escenas de la película.

A esa hora era buen momento para cambiar de parque y ver algunas atracciones del Walt Disney Studios. Antes de irnos pasamos por Frontierland para coger un nuevo Fast Pass, el de Big Thunder Mountain. Una vez lo tuvimos en nuestras manos, nos dirigimos hacia la salida del parque. Lo que no sabía era que por el camino, en Main Street, íbamos a coincidir con la cabalgata navideña de Papá Noel. Es una cabalgata pequeña, pero muy bonita y con la música navideña hace que el cuerpo se mueva solito y que la sonrisa llegue a los rostros de los que la están viendo. A pesar de que íbamos un poco justos de tiempo, nos quedamos un rato viéndola, porque merecía la pena.

Cambiamos de parque y al entrar vimos a Mickey haciéndose fotos con la gente. Elena se quiso hacer una con él, pero no hubo forma, porque los niños parecían tener siempre prioridad y también de vez en cuando escogió a otros mayores. Pero bueno, alguna foto le pude hacer, aunque fuera con Mickey de fondo.
Nos fuimos al espectáculo de Animagique, porque ya era casi la hora de comienzo. Nos sentamos en un buen sitio, bastante céntrico. El teatro musical es siempre muy divertido y a Elena también le gustó.
Pero yo tenía claro que mucho más le iba a gustar la siguiente atracción, CinéMagique. Allí nos fuimos y, claro, nos sentamos por la parte inferior izquierda, a sabiendas de lo que sucedería después. Cuando empezó a sonar el móvil y el hombre se puso a hablar, Elena estaba extrañada de lo alto que hablaba. Enseguida se dio cuenta de lo que pasaba y disfrutó junto a mí de ese maravilloso conjunto de fragmentos de cine que forman una preciosa historia de amor. Tan preciosa que a mí me resulta casi imposible salir de allí sin que se me salte alguna lagrimilla. Lo disimulé como pude y salimos del teatro.
Después fuimos a Toystory Playland con la idea de montarnos en RC Racer, pero tuvimos mala suerte, porque estando ya en la cola, se estropeó la atracción y la tuvieron que parar. Como no disponíamos de demasiado tiempo, preferimos cambiar de lugar y dejarla para otra ocasión.
Paseamos un poco por el parque e hicimos algunas fotos más, antes de volver de nuevo al Disneyland Parc.

Tras cambiar de parque y dirigirnos de nuevo a Frontierland, entramos por la parte de Fast Pass en Big Thunder Mountain y anduvimos directamente hasta las escaleras de bajada hacia los trenes. No tardamos nada en estar montados en una de las atracciones que más me gustan. Esta montaña rusa, sin ser demasiado fuerte, es para mí una de las imprescindibles del parque. Coge la suficiente velocidad para ser divertido ir con los brazos en alto y disfrutar de los bonitos paisajes que atraviesa. Elena se lo pasó en grande y se estuvo riendo durante todo el trayecto. Descubrí en este viaje que las emociones fuertecillas le van mucho, lo cual era una sorpresa para mí. Pero me encanta, porque así podemos disfrutar juntos de cualquier atracción.
Como ya era la hora de comer, nos dirigimos hacia el Pizza Planet, que era el restaurante en el que teníamos previsto comer. Pero resultó que estaba cerrado y ni se me había ocurrido mirarlo. Tuvimos que cambiar de planes y decidimos que nos apetecía un buffet, así que ni cortos ni perezosos, cambiamos otra vez de parque y nos fuimos a comer al restaurante Des Stars para ver la ambientación de Ratatouille y comer junto a Remy.
Después de esperar algo de cola, pagamos la comida con el descuento del carnet de accionista y esperamos otro poco hasta que nos dieron la mesa. Como no cogimos bebida, nos pusieron sin problemas la jarra de agua en la mesa directamente. Nos pusimos las botas comiendo todo lo que nos apeteció y repetimos varios platos de postres hasta tener los estómagos bien llenitos.
A la salida del restaurante, nuevo cambio de parque y esta vez en dirección a Discoveryland. Aunque Elena estaba con ganas de probar Space Mountain, para probar una montaña rusa más fuertecilla, no pudo ser, porque esos días estaba cerrada. Lo que hicimos fue meternos en el Nautilus y admiramos las estancias del Capitán Nemo. No había prácticamente nadie, así que nos sentamos tranquilamente delante del cristal para ver acercarse al monstruo marino que trató de atacarnos. También pudimos ver el espíritu del Capitán sobre el órgano. Después del bonito paseo interior, salimos de nuevo al aire libre.
Como ya no quedaba mucho para la hora de la cabalgata, nos fuimos a coger sitio. Nos colocamos cerca del inicio, o de lo que yo pensaba que era el inicio. Resulta que esta vez la cabalgata venía al revés de como la había visto en verano con los niños. Se me hizo raro que empezara con varios minutos de retraso, hasta que me di cuenta que había salido de la otra punta y que nosotros íbamos a ver el tramo final. Pero bueno, está bien también tener otra perspectiva. Es una maravilla y la música “Magic Everywhere” es tan pegadiza que te hace estar después cantándola y tarareándola durante un buen rato. Incluso Elena, que era la primera vez que la escuchaba, se quedó con ella.

Tras la cabalgata volvimos otra vez hacia Discoveryland para viajar por el espacio con Star Tours. Tuvimos que hacer un poco de cola, pero iba bastante rápida y disfrutamos haciendo fotitos a RD2, a C3PO, a los otros robotitos (que me recuerdan una barbaridad al número 5 de la película Cortocircuito), … Disfrutamos del accidentado viaje interestelar y salimos riéndonos por el ajetreo que habíamos vivido. Al salir vimos la famosa estatua de Wall-e con Eva que en verano se me había pasado por completo visitar. Es muy bonita, a pesar de que ya era algo tarde y se había hecho de noche.
Después entramos en la atracción de Buzz Lightyear Laser Blast, para la cual previamente habíamos cogido unos Fast Pass y llegamos por los pelos debido a la cola que habíamos tenido que esperar en Star Tours. Pero entramos cuando quedaban un par de minutos para el final el tiempo marcado en nuestros tickets. Fenomenal, puesto que nos ahorramos una buena cola. Dentro de la atracción disparamos a diestro y siniestro para terminar con el malvado general Zurg y sus compinches. Esta atracción es de las más divertidas y siempre es un aliciente el pique de las puntuaciones.

A la salida nos dirigimos hacia Main Street y pudimos ver, aunque desde lejos, que estaban realizando la ceremonia de encendido del árbol amenizada con bonitos villancicos y con generosos efectos de luces por toda la calle.
Continuamos camino para ir a Frontierland y dirigirnos a Phantom Manor. A esas horas no había prácticamente nadie y accedimos directamente a la casa sin hacer cola. Además, nada más llegar, coincidió que abrían la puerta y entramos con el primer grupo sin perder nada de tiempo. Entramos en la sala principal y de ahí pasamos al ascensor. Aunque dicen que te pongas en la parte central de la sala, me puse más bien al borde de la alfombra, para tener acceso con la mano a las paredes. Aunque el cast member va dando vueltas por la estancia mientras el ascensor baja, cuando se iba hacia el otro lado pude verificar que, efectivamente, el ascensor baja algo respecto a la pared lateral, aunque de forma simultánea las paredes crecen en la parte superior, creando ese curioso efecto. Después vimos los cuadros cambiantes y como le iba explicando a Elena ciertos detalles como esos cambios o el cuadro que siempre mira a los ojos te pongas donde te pongas, llegamos los últimos a la parte de montarse. Pero eso era lo de menos, porque tampoco había prisa, así que nos subimos a nuestra particular carroza y con ella pasamos por las diferentes estancias viendo a los fantasmas, monstruos, esqueletos y demás criaturas que pueblan la atracción.
A la salida estuvimos un rato viendo el cementerio, aunque al haber poca luz, no se podían distinguir mucho las lápidas. No nos entretuvimos mucho rato allí y emprendimos camino de vuelta.

Paseamos hasta Adventureland y directamente fuimos a hacer cola en Piratas del Caribe. Tampoco había casi gente y llegamos directos hasta la parte final del embarque. Pronto estábamos subidos a una de las barcas y disfrutamos de la navegación en una de las atracciones mejor ambientadas y, sin duda, con los mejores animatronics del paque. Es otra de las atracciones en las que uno nunca se cansa de disfrutar.
Cuando salimos nos fuimos a la zona de las grutas. Primero entramos en Skull Rock, habiendo previamente visto la roca calavera desde fuera. Subimos a la parte de los ojos y aprovechamos para hacer alguna fotito. Después nos adentramos por las diferentes grutas en busca del tesoro y del trono con forma de calavera. Allí también tocaba hacer foto y Elena se sorprendió al ver el resultado de utilizar el flash, porque es completamente diferente lo que se aprecia en la foto a lo que se puede ver allí a simple vista. También anduvimos por el puente colgante, por el puente flotante y nos adentramos en las otras grutas del vientre de la tierra.
Después de salir de los intrincados laberintos rocosos nos fuimos a ver los bonitos dioramas de la atracción de Aladdin. Nos deleitamos con ellos y también sacamos bastantes fotos.

Terminamos más allá de las ocho de la tarde y nos dirigimos a ver las tiendas de Main Street para mirar algunos regalitos y también coger alguna cosita para picar como cena. Ya sólo nos quedaba el colofón final, el espectáculo Dreams, que se hacía a la hora de cierre del parque y yo había visto la semana anterior que tendría lugar a las nueve de la noche. Después de visitar las tiendas, a eso de las nueve menos veinte, nos dirigimos a la plaza central para coger un buen sitio en el que ver el espectáculo. Pero allí tuvimos una gran sorpresa al ver que apenas había gente. Se me hizo rarísimo y pensé que, aunque era domingo y al día siguiente los parisinos tendrían que trabajar, había muy poca gente como para que un espectáculo de tal envergadura y tanto costo se hiciera. Eso mismo le comenté extrañado a Elena, porque no entendía nada. Como tenía algo de sed, me acerqué un momento al Casey’s Corner a por una Coca Cola mientras Elena aguardaba en el buen sitio que habíamos cogido. Regresé por los pelos un par de minutos antes de las nueve.
Pero cuando llegó la hora del supuesto comienzo, éste no tuvo lugar. Muy raro que allí un espectáculo se retrase. Pasaron los minutos y no pasaba nada. Pensé entonces que quizás no comenzaría hasta las nueve y media. Hacía mucho frío y la pobre Elena se estaba empezando a quedar helada de estar allí quietos. Pero lo peor fue que a las nueve y media tampoco dio comienzo. Tuvimos que estar esperando hasta las diez de la noche (hora que posteriormente vimos que era la de cierre del parque, pero yo había mirado otra semana y había dado por supuesto que iba a coincidir, cometiendo un grave error). Elena se quedó congelada, porque aunque por detrás yo le daba calor rodeándola con mis brazos, no era suficiente para que sus pies se quedaran tiesos. Incluso le dije antes del espectáculo que mejor nos volvíamos al hotel, pero prefirió aguantar allí. A las diez en punto comenzó Dreams, la plaza se había llenado de gente, como era lógico, y al menos lo disfrutamos en un lugar buenísimo, bien centrado y cercano. La pena es que el frío y la preocupación por el malestar no nos permitieron disfrutar de él como es debido. Ni siquiera llegamos a hacer una sola foto. Espero que la próxima vez, en verano y con calorcito, lo disfrutemos mucho más.
Salimos de allí directos a la estación de autobuses, salvando como pudimos la gran avalancha de gente que abandonaba el parque a esas horas. Cuando estábamos llegando a nuestra parada vimos que nuestro autobús estaba terminando de cargar gente y se marchó en nuestras narices. Casi me da algo de la impotencia. Afortunadamente, en un par de minutos llegó otro y pudimos cogerlo y además sentarnos cómodamente. Cuando llegamos al hotel, poco a poco fuimos entrando en calor. El día había sido una maravilla y la lástima es que el final lo estropeó un poco. Pero habíamos visto muchísimas atracciones y Elena había podido comprobar como es el famoso Disneyland del que tanto le había hablado. Nos fuimos a la camita a descansar después de ver las fotos del día volcadas en el iPad y pensando que al día siguiente de nuevo tendríamos otra intensa jornada.