¡Feliz año nuevo, queridos lectores! Bueno, este es el segundo intento de publicar la entrada, ya que por algún motivo mi ordenador decidió eliminar todo lo que ya había escrito… Es larga, así que os recomiendo que os hagáis una taza de café/té/chocolate/cola cao calentito y que os pongáis
esto de fondo para meteros completamente en ambiente… ¡Allá vamos!
DÍA 2 (2/12/2017): DISNEYLAND PARK Y EMOCIONES A FLOR DE PIEL
Suenan al unísono los tres despertadores que nos habíamos puesto en una de las habitaciones del Adagio. Enseguida la calma da paso a un bullicio tremendo: cola en el baño, cientos de capas de ropa, desayunos variados, registrando toda la habitación para ver que no olvidamos nada importante… Y, entre todo, muchos nervios e ilusión. ¡Que nos vamos a Disney (esta vez sí)! Yo estaba muy preparada con mi
gorro de Campanilla y mis orejas de Mérida (el gorro me tocó en el sorteo de una youtuber que sigo que tiene una marca de ropa inspirada en Disney; las orejas las diseñó e hizo mi amigo Manu, que como podéis ver es un artista total).
Una vez listos nos enfrentamos a las temperaturas del exterior de hotel mientras esperábamos a que llegase el bus gratuito. El tiempo estaba nublado y con niebla, por no hablar de que hacía un frío como nunca he vivido… Brrrrr… Al menos no éramos los únicos, una familia inglesa tampoco parecía llevar el frío muy bien. Por suerte el bus llegó muy rápido y corrimos hacia la calidez de su interior. Lo bueno de estar en el Adagio es que no tienes que esperar apenas para llegar al parque y prácticamente eres el primero que llega a su hotel.
Conforme el bus hacía su recorrido los nervios crecían en mi interior. No pude evitar gritar cuando vi por la ventana la cúpula del Newport. ¡Que ya estamos aquí! Enseguida llegamos a la parada, situada en una rotonda que daba a un lado de Disney Village A nuestra derecha, el Five Guys, el Vapiano, la parte trasera del cine Gourmand y un lateral de World of Disney. Al lado izquierdo, entre la bruma, se
intuían las formas de la Earffel Tower y de la Tower of Terror. Y, justo delante nuestra… ¡
El cartel de “Bienvenidos a Disneyland Paris” con Mickey arriba! ¡Y detrás de él el Hotel Disneyland! No podíamos estar más emocionados.
Antes de entrar en el parque, sin embargo, debíamos pasar por dos trámites necesarios, pero un poco aburridos: pasar la seguridad y cambiar nuestros vouchers por los verdaderos billetes. En cuanto a lo primero, fue todo bastante rápido (muy similar a un aeropuerto, pasamos por un arco detector de metales, dejamos el contenido de nuestros bolsillos en una bandeja de plástico y metimos nuestros bolsos y mochilas en un escáner de rayos X). Lo segundo también fue sobre ruedas: los cast members de la puerta fueron súper amables y nos indicaron dónde teníamos que ponernos. La verdad es que estaba un poco preocupada porque habíamos comprado las entradas en una web de terceros que vi recomendada en el foro y no sabía si habría algún problema, pero todo funcionó de maravilla (
aquí me explayo un poco más sobre el tema). En cuanto salieron las 5 entradas les dimos la vuelta y cada uno cogimos una al azar. ¡A mí me tocó Daisy, justo la que quería! Tras eso, entramos en el Disneyland Hotel, nos dirigimos hacia los tornos de los laterales (mucho menos concurridos), cruzamos la plaza y pasamos por debajo del puente de la estación de tren… Y entramos en el “mundo del ayer, del mañana y de la fantasía”…
Es un poco difícil para mí el explicar todo lo que sentí cuando vi el
gazebo, el árbol de Navidad,
Main Street y el castillo de la Bella Durmiente al fondo. Sé que todos los que estáis leyendo esto posiblemente lo hayáis sentido cada vez que visitáis el parque, pero verlo después de 13 años soñando con volver… Es algo más. Me vinieron a la mente en ese momento los primeros meses del año, cuando estaba con las prácticas de la universidad y no tenía vida social ni podía dedicarme a mis hobbies porque cuando no estaba en la oficina estaba en clase, o haciendo deberes o el TFG… Sinceramente, el haberme metido de lleno en el mundo de los parques Disney en ese momento me salvó y me mantuvo cuerda. Ya decía Cenicienta que podrían arrebatarle todo, excepto sus ganas de soñar… En definitiva, sonrisa permanente en la cara y ojos humedecidos. Quería pasarme por el City Hall para pillar los pines gratuitos y regalarle uno a cada uno de mis amigos en plan sorpresa, pero cada vez que pasé por allí había una cola enorme, así que me tuve que quedar con las ganas
Nuestro primer destino fue Piratas del Caribe, al que nos dirigimos a buen paso (no sin antes admirar el castillo un poco). Estábamos muy emocionados, con lo cual nos dedicamos a hacer fotos durante toda la cola:
luces,
rocas,
palmeras, barcos,
cielo nocturno… ¡Y porque no se le pueden hacer fotos a olores, que si no me hubiera llevado el olor a cloro conmigo! Jajajajaja. Llegó nuestro turno y nos asignaron las filas 2 y 3. Empezamos nuestra travesía, cada vez más emocionados por esta en nuestra primera atracción. Dejamos atrás el restaurante ex Blue Lagoon (me niego a llamarle por su nuevo nombre, con lo chulo que era el antiguo…), el pantano, los barcos y empezamos a subir por la cuesta en la que al final aparecen Davy Jones y Barbanegra proyectados sobre la niebla… Y, de repente, la barca cae un poco hacia atrás. Yo me había montado en la atracción la última vez que fui y no recordaba aquello, pero pensé que a lo mejor lo habían cambiado en alguna de las últimas reformas, para darte un sustillo. Sin embargo, la barca se quedó parada al principio de la cuesta, en semi vertical, y ni subía ni bajaba… Mis amigos empezaron a reírse nerviosamente y yo traté de tranquilizarles: “Seguro que se acaba de subir una persona con movilidad reducida y han tenido que detener las barcas un momento para que le diera tiempo a subir”… Y entonces todas las luces de la atracción se encienden. Por megafonía empiezan a decir, en francés e inglés, que la atracción se ha averiado y nos tienen que evacuar. No pasó mucho tiempo hasta que algunos cast members de la atracción llegaron, nos ayudaron a desembarcar, y nos guiaron por una puerta de madera (está al principio de la cuesta a la izquierda, por si alguno tiene curiosidad jaja), bajamos por unas escaleras metálicas y salimos afuera, recorriendo toda la atracción por detrás, lo cual nos rompió un poco la magia… Exactamente, queridos lectores, la segunda cosa mala del viaje:
Primera atracción en la que nos montamos, se avería y nos evacúan. Ya nos estábamos riendo por no llorar, porque vaya forma de empezar… Además, la atracción estuvo cerrada casi todo ese día.
Tras este pequeño fracaso, mis amigos se fueron hacia Indiana Jones. Yo no soy gran fan de las montañas rusas (mucho menos si tienen loopings, caídas muy fuertes y/o son cubiertas), pero sabía que ellos sí, por lo que ya me había hecho un planning de recorrido por el que ir mientras que ellos estaban en atracciones de ese tipo. Así que me recorrí toda Adventureland: La Jirafa Curiosa, les tresors de Sheherezade, paseé por debajo del árbol de los Robinsons, me metí en el pasaje de Aladdín… Y no me dio mucho tiempo a más, porque mis amigos ya habían salido de la atracción y tenía que reunirme con ellos (desde aquí quiero dar las gracias a la persona que se le ocurrió la idea del shopping service, porque me ayudó muchísimo durante todo el viaje jajajajaja).
Pasamos rápidamente por Peter Pan para pillar los fastpass, y nos situamos en la zona del it’s a small world para ver la cabalgata de Navidad. Era bastante normalita y no me pareció nada espectacular, pero fue muy divertida, especialmente el momento en el que uno de
los tres cerditos se acercó a mis amigas para intentar que cantaran la canción de la cabalgata jajaja. Después de eso nos metimos a comer en el restaurante Bella Notte. La verdad es que no calculamos bien la hora, con lo cual estaba llenísimo de gente, tuvimos que estar media hora en la cola y no pudimos sentarnos todos juntos en la misma mesa, pero se entiende, porque es un sitio bastante pequeñito. Al menos pudimos descansar, estábamos calentitos y la
comida estaba muy buena.
Después de comer, mis amigos se dirigieron corriendo a Space Mountain, ya que tenía una cola algo larguita. Yo, mientras tanto, aproveché muy bien el tiempo: me recorrí todas las tiendas de Discoveryland (reconozco que me volví un pelín loca en Star Traders) y de Main Street (Ay, la Storybook Store… Ay), me
metí en el submarino del Capitán Nemo (tenía un trauma de pequeña porque me asustó muchísimo el animatronic del kraken… ¡Tenía que convencerme de que no era para tanto!), entré en las arcades (inauguración de la estatua de la libertad incluida)… Y tras eso mis amigos me avisaron de que ya habían salido. Por unanimidad declararon el último día que Space Mountain había sido su atracción favorita de todo el viaje.
Volvimos corriendo a la zona de Bella Notte para ver la parade del 25 aniversario (una de las pocas cosas que no había visto de antemano en internet). Y qué decir… ¡Me encantó! La música me parece chulísima, la temática steampunk me flipó, las carrozas eran geniales (Ay,
ese dragón escupefuego…). En fin, 100% recomendada si aún no la habéis visto. Y, como nos pillaba al lado, nos metimos en it’s a small world. No es de mis atracciones favoritas y le tengo manía a la canción, pero reconozco que es un clásico con un mensaje precioso, que me recuerda mucho a cuando fui en el 99 a DLP por primera vez, y he de decir que la versión de Navidad es muy chula (ver a mi novio flipando con todos los muñecos no tiene precio jajaja).
Vimos en la aplicación de DLP que había una cola aceptable en Big Thunder Mountain, así que allí nos dirigimos. Aquí he de explicar algo: soy una persona con mucha ansiedad por lo desconocido, de tal forma que antes de ir al parque me vi videos de todas las atracciones para decidir en cuales montarme y en cuáles no. Como vi que BTM era una montaña rusa sin loopings, caídas muy fuertes y con el recorrido más o menos visible, decidí que podía montarme sin problemas. Recuerdo estar en la cola al lado de la vía y ver pasar uno de los trenes que volvían y pensar “Esto va un poco rápido, ¿no?”, pero no le di importancia. Bueno, pues imaginad que estaba ya tan oscuro que no se veía nada del recorrido, ni dentro de las cuevas ni fuera a veces, un tren yendo rapidísimo y yo (persona cuya máxima dosis de adrenalina son los rápidos de Orinoco y el tren del Potosí en Isla Mágica, y el dragón de la calle del infierno de la feria) ahí montada… Cuando llega a la parte en la que sube una cuesta dentro de una cueva donde hay unos geiseres multicolores pensé “Me voy a morir aquí y no pueden parar la atracción para que me baje” jajajaja. Sin embargo, al final la disfruté y todo. Como dije al salir “Me lo he pasado bien porque no me he muerto… Eso es la adrenalina, ¿no?” jajajajaja. Y encima mi novio a la salida diciéndome “Pues yo aquí me he sentido más inseguro porque sólo estaba agarrado por la cintura y no por los hombros… Si te ha gustado BTM te tiene que gustar Space Mountain”… Me quiere matar jajajajajaja.
Para tranquilizarnos un poquito nos fuimos a Phantom Manor. Sin duda mi atracción favorita del viaje. El aire gótico que desprende es precioso, y la atracción no da miedo pero te deja con mal rollito en algunas partes… Y ese exterior asusta de verdad, pero desde la puerta puedes hacer unas
fotos chulísimas. ¡Genial! Ya tengo ganas de ver cómo la dejan este año con esa reforma tan larga.
Tocaba ya ir a Peter Pan a usar nuestro fastpass, así que a Fantasyland nos fuimos. Había una cola muy larga, pero con la de FP entramos enseguida (algunos de la cola normal nos miraron mal y todo). Peter Pan es una atracción que me gusta mucho, la verdad es que es preciosa, sobretodo la parte en la que sobrevuelas Londres. Eso sí, nos reímos muchísimo porque la atracción se paró momentáneamente dos veces y nos quedamos en plan “¡NOOOO! ¡¿Otra vez averiados?! ¡¿Qué nos pasa con las atracciones de piratas?! ¡Y esto está colgando, ¿de aquí como nos sacan?!” Jajajajaja.
La verdad es que necesitábamos un descanso, así que nos metimos en Cable Car Bake Shop a tomarnos un café/chocolate caliente, que lo necesitábamos. Estábamos tan bien y tan calentitos ahí dentro que nos quedamos ¡dos horas! Nos asomamos brevemente a la puerta para ver el encendido del árbol de Navidad, que era muy bonito. Más tarde, ya más descansados, salimos de nuevo a Main Street para ver Disney Illuminations (otra de las cosas que no había visto en internet). Si bien a nivel de efectos era espectacular (la parte de Piratas del Caribe y Star Wars fueron chulísimas), me faltó sentimiento y emotividad… Nada que ver con el Disney Dreams, con el cual lloré.
Una vez terminado el espectáculo, era hora de marcharse. Nos despedimos un poco tristes, pero sabiendo que al día siguiente volveríamos, y aprovechamos para
hacer fotos a las decoraciones nocturnas. Pasamos un momentito por la Disney Store del Village a por mis compras, cogimos el bus, llegamos al hotel, duchita y cena calentitas, organizamos el día siguiente, nos metimos rápidamente en la cama (esta vez me tocó dormir en la parte del sofá del sofá cama nido) y caímos rendidos de cansancio enseguida… Había sido un día muy intenso pero feliz, y mañana nos esperaban nuevas aventuras…
(CONTINUARÁ)