O como hacer un alto en el camino en Disneyland Paris a la vuelta de Londres.
TODOS LOS CAMINOS LLEVAN A DISNEYLAND PARIS
Siempre que podemos viajamos en coche, me encanta conducir y a soletico le encanta mirar por la ventana. Este verano, como ya sabéis, el destino era Londres. Para la ida paramos en Calais a dormir, para coger bien temprano el Eurotunnel cruzando el Canal de la Mancha, ¿pero para la vuelta? De Londres a nuestra casa (Mollet del Vallés) hay 1.500 km., o lo que vienen siendo un gran puñado de horas al volante. Para estos largos trayectos solemos hacer un alto en el camino y, de paso, aprovechamos para ver algún punto turístico de interés: los volcanes de Puy-du-Dome, el pueblo abandonado de Oradour-sur-Glane, … ¿dónde paramos esta vez?
La ruta pasa justo por París, y de manera innata una vocecilla suena en nuestra cabeza: Disneeeeylaaaand…. Disneeeeeylaaaaaaaand.... No teníamos pase anual vigente, ni tampoco el carné de accionista, por lo que, sin duda, el gasto de ese alto en el camino era importante para ser un punto de parada de un viaje de vuelta desde Londres. “¡Pero hay el nuevo miniland de Ratatouille!” Nos intentamos justificar que la mejor parada era Disneyland Paris a pesar de que nos seguirían quedando más de 1.000 km hasta casa.
Hacemos números y, como es previsible, en plena temporada alta y con apenas una semana de antelación pocas opciones nos quedan: altos precios en hoteles Disney, prácticamente completos todos los hoteles de los alrededores, sin descuentos, … pero, sinceramente, que quede entre nosotros, no costó mucho terminar convencidos con un: ¡volvemos a Disney! La idea se confirma con una paradita a Disneyland Paris para ver el nuevo miniland.
Pero en el viaje no estábamos solos, pues venían mis dos hermanos (adultos) y queríamos que para ellos fuera una sorpresa. También les gusta el parque, de hecho la mayoría de veces han venido con nosotros. La primera mentira (de las muchas que empezarían a contarse) fue que haríamos, como es habitual, un alto en el camino en un pueblo desperdigado, donde habíamos visto una cosa chula que era sorpresa. En una de las reuniones de planificación de los 4 nos dimos cuenta de que justo ese día era Domingo, a lo que mis hermanos inmediatamente disparan: ¿abre en domingo? ¿no habrá mucha gente en domingo?. Le dimos vueltas y pensamos que igual Disneyland Paris tiene mayor afluencia un festivo, o lo que es lo mismo, ¿y si se les da por tener estropeada ese día la atracción de Ratatouille? ¿Y si cae una trompa de agua? Una gran inversión y tanto riesgo. La respuesta no tardó en llegar: pues nos quedamos dos días. Ellos lo veían fácil, pensando en el típico hotel de carretera, pero yo dibujaba mentalmente una balanza: coste del hotel, entradas… frente a un día más de magia. No hace falta decir hacia dónde se inclinó la balanza, así que nuestro plan terminó siendo el siguiente: Llegamos por la noche a un hotel pendiente de definir, los dos días siguientes vamos al parque y al tercero seguimos nuestra ruta hacia casa. Soletico dando saltos de alegría, y es que más que una parada en el camino, se parecía a una extensión del viaje de las vacaciones. Todo sea por ver esa nueva área de Ratatouille (uno de mis personajes favoritos) y, ¡qué demonios! disfrutar una vez más de todo el resort. Experiencia a la que llamamos: Ratatouille Tour Experience.

HOTEL EN BUSCA Y CAPTURA… ¿Y LAS ENTRADAS?
Hoteles Disney descartados: 4 adultos con 3 noches, sin ningún descuento tenían una cifra muy elevada para ser un teórico alto en el camino. En agosto siempre descartamos el Santa Fe y el Cheyenne por la ausencia de aire acondicionado. Otros hoteles asociados estaban completos. Los hoteles recomendados por los alrededores también completos. ¡A quien se le ocurre con una semana de antelación! Y los que quedaban no nos convencían. Todo hay que decirlo, descartamos hoteles por debajo de 3 estrellas y lógicamente necesitamos parking, algo discreto, ya que el coche iría cargado hasta con el cofre de la vuelta de Londres, con vete a saber que llevaríamos a bordo. Empezamos a mirar hoteles por los pueblos de los alrededores y damos con un buen hotel y, visto lo visto, un buen precio en Bussy-Saint-Georges (a 5 minutos del parque). Mirando en el Street View hasta parecía bonito por fuera, y además el parking justo al lado de la policia.
HOTEL GOLDEN TULIP MARNE-LA-VALLÉE * * * *
44 Boulevard Antoine Giroust
Bussy-Saint-Georges
Habitación 2 adultos + 3 noches + Desayuno + Parking cerrado = 285€ (95€/noche). ¡Reservamos! Es, en este momento, cuando los ojos nos brillan, pues esta era la confirmación de que realmente nos íbamos a Disneyland Paris, de que no había vuelta atrás… y mis hermanos sin saberlo.
En cuanto a las entradas, tampoco le dimos demasiadas vueltas. Nos hemos aficionado a ir también en la temporada de Navidad, así que provecho le íbamos a sacar a un Pase Dream, además de los descuentos en restaurantes y tiendas de esta mini escapada. La idea era sacarnos el pase el día de la llegada (de noche) para aprovechar el Magic Hour desde el día siguiente. ¡Aiiii… qué nervios!
Como en todo viaje, tampoco podía faltar una buena planificación gastronómica, donde sin duda no podía faltar reservar mesa en el Bistrot de Reny. Así pues, tras tener reservado el hotel, los restaurantes y atados todos los cabos, así empeza nuestra Ratatouille Tour Experience:
DIA 1
Amanece en la ciudad Londinense. Es un día especial, pues a pesar de que parece de que nos vamos ya hacia casa y de que han terminado las vacaciones, nos queda visitar un mágico lugar. Nosotros mutis. Aquí nadie sabe nada. Pero antes, toca un alto en el camino.
BLUE WATER
Los billetes para cruzar el canal de la Mancha los tenemos para después de comer, así que aprovechamos para empezar a ir bajando y, de camino, hacer un a visita al BLUE WATER (http://www.bluewater.co.uk). Uno de los centros comerciales más grandes de Europa. Esta parada tenía varias intenciones, además de visitar rápidamente el lugar: comprar comida típicamente londinense, visitar una tienda de menaje de cocina y gastronomía a la que llevamos años comprando on-line, Lakeland (http://www.lakeland.co.uk) y que soletico pueda cambiarse el dichoso calzado que se había traído para el viaje y que la llevan atormentando de dolores.
Ya me había acostumbrado a conducir por esos lares, al igual que conocer que es una ciudad totalmente colapsada al tráfico, por lo que salimos con suficiente antelación como para dejarnos caer sobre las 10 de la mañana por el Blue Water, a una hora de camino de Londres y a otra hora hasta el Eurotunnel.

No nos extendemos mucho en explicar este lugar: un centro comercial gigantesco donde los haya. Sólo nos dio tiempo a ver una de las alas. Después de visitar Nike, Adidas y Crocs para que soletico se comprara un calzado en condiciones (no es tonta, que sabe que en Disneyland le tocará andar de lo lindo también jeje) visitamos la esperada tienda de Lakeland. Para nosotros es una de esas tiendas a las que es una tentación entrar y a la que, como era inevitable, solté un estrepitoso: ¡Soleticoooo mira que he visto! a lo que ella respondió: ¡miedo me das! Un kit para hacer sidra en casa:: su cubo de 10 litros, botellas de cristal para embotellarlas, potingues para fermentar, termometros… sí, lo sé, estamos locos. ¡Pero donde vamos a meter eso! La chica de la tienda me confirma que no está disponible on-line, por lo que pongo mi cara de pena mirando a soletico… Y pal coche que se vino jeje. No hace falta decir que me gusta la sidra y me disgusta la cerveza, así que siempre que viajamos por francia compramos sidra (Normandía fue el paraíso).


Mis hermanos, que habían hecho una vuelta rápida por el centro comercial, nos dicen que hay muchos restaurantes temáticos interesantes, pero sería demasiado aventurarse quedarse a comer allí y perder el tren.
Cargamos el coche como podemos, dejando hueco para lo que pueda caer en Disneyland Paris, y seguimos bajando hacia la estación del Eurotunnel en Folkestone.
LA COMODIDAD DEL EUROTUNNEL
Para quienes no conocen el Eurotunnel se trata de un tren que cruza el canal de la mancha, es decir, comunica Francia con Gran Bretaña con trenes cada 15 minutos. Son trenes donde embarcas con tu propio coche hasta llegar al destino. Una experiencia más.

Los billetes básicamente hay que dos tipos, el normal y el flexible, o lo que es lo mismo, el barato o el caro. El barato es el que escoges un día y hora, y el caro es que puedes llegar a la hora que quieras que embarcas. Por tanto, la opción de escoger una hora tiene su ventaja, y es que viajamos por 85€ (el coche con los 4 adultos dentro, da igual cuanta gente viaje) frente los más de 200€ de la flexible. En contra tiene que si por problemas de tráfico o lo que sea pierdes el tren, no se como podrias arreglarlo sin quedarte allí tirado. Así que llegamos con la suficiente antelación al Eurotunnel como para comer allí y salir cuando nos toque embarcar. Te recomiendan estar un par de horas antes: cola para entrar, cola de control de DNI, cola para el control de drogas (si, con algodoncito en el volante), pero a pesar de todo ello todo fluye con normalidad, sin grandes atascos y puedes ir tranquilo. Supongo que también dependerá de las horas punta. En la estación hay restaurantes de comida rápida y alguna que otra tienda de las conocidas Dutty-Free (perfumes, básicamente).
Comemos relajadamente aprovechando una cadena de comida rápida llamada LEON, que a diferencia de Burger King (a su lado) anunciaban comida natural y sana. Así que lo probamos con un plato árabe de falafel que, a pesar de ser cómoda Fast Food estaba bueno como alternativa.

En todo momento pendientes de nuestra llamada a embarbar hasta que llegó el momento.






Nos gustó la experiencia de viajar con tu propio coche en tren, se hace extraño. Sales a pasear por el tren con tu coche ahí al lado, y 15 minutos después arrancas el coche para salir en Francia. En estos 15 minutos aprovechamos para cambiar el mapa del GPS y volver a dejarlo todo en kilómetros en vez de millas ¡qué gran descubrimiento!. Avanzamos una hora al reloj y ya estamos listos. Mientras, matamos el tiempo comiendo una rica fruta silvestre comprada en Marks & Spencer.

¡Ahora sí! ¡Ya empezamos a restar kilómetros hasta Disneyland Paris! ¡Pues toca ir a hacerse los pases! Pero ni soletico ni yo caímos en una cosa. ¡No pusimos la ruta en el GPS! Así que mientras tanto, yo tirando hacia Paris según las indicaciones a espera de que mis hermanos, desde el asiento de atrás, echen una cabezadita y no nos vean poner “Disney” en la ruta del GPS. Por ahora no sospechan nada.
¡CORRE! ¡CORRE!
Nada, que no se duermen. Yo voy tirando hacia Paris. A este ritmo lo que veremos es la Torre Eiffel en vez de Disneyland. De repente, empiezan asomar los famosos carteles anunciando DisneyLand Paris y con voz inocente les digo: “mirar un cartel de disney, por si queréis hacerle una foto”, y yo todo nervioso a ver si veía en que jodida salida era. De repente, baja un angel, creo que era campanilla con su minifalda verde, les tira polvo de hadas y se quedan dormidos. ¡Bufff! ¡Menos mal! Le doy un codazo a Soletico para que ponga la ruta en el GPS. ¡Mierda! Salen dos Disneyland en dos pueblos. No pone nada de Chessy ni Marne-La-Vallé…¡click! uno al azar, pues cuando ya lo vea de lejos ya no habrá pérdida… o eso creía.
Mientras, soletico que estaba en contacto con mjm, que estaba en el parque, nos dice una noticia fatal: para hacer el pase anual cierra a las 20:00 y eran las 19:30 y el GPS nos dice que llegamos a las 19:50. “¡Corre! ¡Corre!” chilla soletico. El pobre coche, con el cofre, cargado con las maletas, ¡la sidrera!, veloz como el viento. Mis hermanos extrañados. Pero nada, en código morse y con señales de humo lo hablamos con Soletico, descelero. Pues por mucho que lleguemos como un rayo, ya sabemos que la periferia de Paris es lenta, que habrá tráfico, que tendremos que aparcar una vez llegado a Disneyland (que ya teníamos en mente aparcar en el Disney Village), que luego tendríamos que ir corriendo hasta las taquillas, entrar en el parque para ir corriendo hasta los pasaportes anuales… demasiado para tan poco tiempo y que fracasemos. Hemos perdidos 2 magic hour pero eso no nos iba a dejar sin mágia esa noche. La ruta del GPS cambia, esta vez… hacia el hotel.
UN HOTEL NADA DISCRETO
Que un hotel que no está en Marné-la-Vallée tenga en su nombre Marné-la-Vallée tampoco ayuda a preparar una sorpresa. Pues es lo primero que dijo uno de mis hermanos al llegar al hotel: ¡Anda, pone Marné-la-vallée! y yo: “Si, lo han llamado así y no se ni porque, pues el pueblo es otro… Dejo el coche en doble fila, mis hermanos se quedan dentro y vamos soletico y yo. El hotel repleto de carteles de Disneyland, con la nueva atracción de Ratatouille. Huéspedes que vienen y van con bolsas de Disneyland… ¡menos mal que no han entrado! Hacemos el check-in (en castellano) y volvemos al coche. Entramos al parking y, por suerte, no tienen que pasar por la recepción, el ascensor nos lleva directamente a las plantas del hotel.

La habitación es correcta, dentro de lo esperable. Entiendo que era una habitación para minusvalidos, pues las puertas eran muy anchas y la ducha era literalmente ducharse en el suelo del baño.

Nuestra sorpresa sigue y la extendemos con más mentiras. Les apresuramos para irnos, pues queremos llevarles a un sitio que hemos visto por la zona para cenar y no queremos llegar tarde.
EL INICIO DE UNA VELADA MÁGICA
Inicio la marcha. El pueblo se ve bonito pero para nada en el mundo íbamos a quedarnos allí ese atardecer. A los pocos kilómetros, a lo lejos, diviso la Tower of Terror. Es por la parte de atrás, por lo que pasa desapercibida por mis hermanos. Les intento distraer por el lado opuesto de la ventana. Logro girar por otro camino hasta perderla de vista, pero ahora sí, es imposible mentir pero si despistar. Al fono se alzan las primeras vistas del Disneyland Hotel, a lo que mis hermanos ya se huelen algo: ¿uiiii? ¿dónde vamosssss?. Pero se nos ocurre la mejor mentira en ese momento: “Ya que el hotel está cerca de Disneyland, qué os parece cenar en el Disney Village esta noche? De hecho podemos venir a cenar aquí las noches que tenemos de hotel” Os podéis imaginar que les encantó la idea y eso que no sabían la verdad de las verdades, que íbamos a entrar al día siguiente al parque.
Entramos en el parking del Disney Village, de la empresa Vinci. Es la primera vez que lo hacía. Considero que es la manera más rápida para acceder al parque, pues el parque del Disneyland está lejos (sobretodo si tienes prisa). El parking está prácticamente al completo, así que nos toca aparcar en la azotea y, señores, señoras, ratas, ratones, que descubrimiento, el atardecer de Disneyland Paris desde la azotea del parking. Momento perfecto para soltar un: “aprovechar este momento, que es lo más cerca que estaremos de Disneyland Paris”. Con esta mentira hasta yo mismo me emociono. Lo estamos todos: filmamos, fotografiamos, como si no hubiéramos visto el parque en años o lo que si era verdad, tomando ese recuerdo único de la azotea, desde ese día, mágica.






Ha anochecido, por lo que el Disney Village ya tiene ese bullicio de gente de los que ya se han ido del parque. Todos estamos emocionados pero para ellos lo mejor estará por llegar, mañana. Si es que hasta incluso, mientras escribo esto, ya me emociono.
El paseo hasta el recinto del resort, con su correspondiente chequeo de maletas, anuncian la gran esperada novedad...

Mientras, al otro lado, el Disneyland Hotel nos mira de reojo…

¿CENAR EN EL VILLAGE? ¡ANNETTE’S!
Si hay un indiscutible para cenar en el Village ese es Annette’s. Nos encanta y está en nuestro TOP 10. La cola, como es habitual, sale por la puerta. Esta espera nos viene bien para hacer la digestión de esa pequeña sorpresa para ellos y la emoción de vivirlo para nosotros. Nos sientan en la mesa. Ellos siguen sin creérselo y nosotros, en parte, también. Mientras uno de ellos dice: “Si no fuera tan cara la entrada, podríamos entrar una tarde” Claro, según la disponibilidad que nos quede después de ver ese pueblo que hemos venido a ver jeje. “Pero si, una pena que nos tengamos que conformar con el Disney Village”, le contestamos.

Del restaurante poco os puedo decir de lo que ya os habíamos contado en otras ocasiones. Esta vez probé una ensalada en vez de hamburguesa. ¡Menuda ensalada! Son gigantescas y hasta con dos bollos de pan. Estaba muy buena. Por lo que recomendamos tanto las hamburguesas como las ensaladas. Lógicamente, también esos estupendos batidos de postre con nata casera y sabores mil (hasta de chicle, por ejemplo).





Nos coincidió el momento en el que las camareras hacen el baile sobre la barra. Pocas veces tenemos ocasión de verlo: o bien porque nos toca en la planta superior o bien porque sencillamente no coincidimos o no lo hacen ese día.

Cenando en el restaurante tienes 2 horas de parking gratuito, por lo que nos vino de perlas. Es importante pedirlo justo al pedir la cuenta. Nosotros nos olvidamos y volvimos al restaurante a pedirlo. Lo hicieron pero nos advirtieron que sólo lo hacían si estábamos en el restaurante, pues nos podríamos haber encontrado el ticket por ahí tirado y aprovecharlo.

LA NUEVA TIENDA LEGO Y POCO MÁS
Salimos tarde del restaurante. Lógicamente querían ir de tiendas para aprovechar el tiempo jeje. No les dimos ninguna excusa y aprovechamos para ir a la nueva tienda Lego.
Por el camino, cayó la moneda souvenir de ese año, como tradición familiar que se precie...

La visita a la tienda Lego fue muy breve pues ya cerraban, pero lo suficiente par hacernos a la idea. Quizá en parte esa pequeña desilusión por no encontrar kits relacionados con Disneyland: atracciones, escenarios, pero ya tendrán tiempo de hacerlos. Supongo que, en el fondo, es lo que demanda la gente que visita una tienda en Disneyland Paris. Pues entiendo que para comprar un kit determinado ya acudes a una juguetería. No creo que sea una de esas tiendas a las que entremos a menudo, a diferencia de tiendas del resort que son de visita obligada, por muy parecidas que sean en su contenido.


Destacar de la tienda los fantásticos cuadros de lego o, lógicamente, como no podían faltar, las figuras de algunos personajes o escenarios.


Se hace tarde y, como se supone que a la noche siguiente íbamos a volver a cenar, acordamos venir más temprano para que de tiempo a ir de tiendas. No sospechan absolutamente nada de lo que va a ocurrir mañana. Nada.
De camino al parking mi hermano recuerda: ¡Aiii! ¡no hay vino caliente! y yo….¡qué eso es en navidad! Son tantos los recuerdos que traen cada rincón de todo el resort, que ya forman parte de nuestras vidas.
La azotea, ahora de noche, nos muestra unas visitas nocturnas del resort. Tenemos prisa, ya hemos pagado el parking y tenemos que sacar el coche. Nos volvemos al hotel.

Mañana empezará un nuevo día, un nuevo día repleto de emociones, un nuevo día mágico.

(continuará…)
































































































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